sábado, 31 de mayo de 2008

viernes, 30 de mayo de 2008

0 - 1

Perdidos cinco kilos, ganados siete.
Perdidas cuatro horas de sueño al día, ganada adicción a tilas y gotas relanjantes.
Perdida la voluntad, ganada la primera cana.
Perdida la paciencia, ganada la hiperactividad.
Perdida la fe, ganado el escepticismo.

Perdido el control, ganados unos cuantos arañazos. Unos bonitos arañazos.

domingo, 11 de mayo de 2008

'Sometimes I think I'm almost ready to leave, you know... this life' ("Dirty, Sexy, Money").

Shocking.

Patinando en paralelo

Llegaron a mí hace doce años y eran blancos y azules. Tan inconsistente como soy, los utilicé un tiempo y luego los guardé en su bolsa roja. Ni tan siquiera me preocupé de limpiarlos en condiciones…

Siempre pensé que tenían ruedas rojas, frenos rojos y lazos rojos, así que imagínate mi cara cuando años más tarde abro la bolsa y descubro que tenían ruedas azules, frenos azules y lazos blancos. Por pura vergüenza nunca los volví a usar fuera de mi casa y el pensamiento de tener que patinar con alguien me mataba de miedo.

Qué estupidez... ¿Ves? A veces un sopapo en la cara te da el empujón que necesitas. Es una pena que yo necesite que me peguen un puñetazo en lugar de una torta pero… la tarde de hoy no tiene precio. Sola, sí, pero finalmente sin importarme tener que ser perfecta ante nadie (un pequeño consejo: ¡cuanto más lo intentas, menos lo eres!).

Y además rompí uno de los frenos; ¿sabe alguien a dónde puedo ir a repararlo?

miércoles, 7 de mayo de 2008

Carta a un padre

Ahora voy en el avión y no podía esperar a que se apagaran las señales de abrocharse los cinturones para poder encender el ordenador.

Seguramente a estas alturas ya os habréis dado cuenta de que estoy asustada. Tal vez el miedo sea una sensación tan irreal y controlable como todas las demás, por desgracia yo aún no he aprendido a controlarla. Sí, tal vez debiera ser más fuerte, tal vez sea una malcriada. Tal vez dentro de mi corazón hay un hueco muy grande que llenáis sólo vosotros y al que intento no ir si estoy baja pero siempre he confiado que si voy encuentro la tranquilidad de saber que voy a ser recibida con los brazos abiertos, muy probablemente con alguna sorpresa para ponerme una sonrisa en la cara y sobre todo exento de juicios. Tal vez vosotros no seáis dioses pero, como seres humanos que sois, lo que sí que tenéis es una fuerza de voluntad enorme.

Tengo miedo. Seguramente todos tendremos miedos, esos fantasmas de los que he oído hablar tanto en estos días, distintos para cada uno. Creo que el miedo me está comiendo terreno. Ni voy a entrar a hablar sobre el miedo que he pasado en los últimos meses, día tras día, haciéndome la fuerte, analizando e intentando poner soluciones, sabiendo que las soluciones no eran suficientes y que tendría que enfrentarme a una derrota porque no estaba siendo capaz de vencerlo. Sí, tal vez sea una tontería, es un tema sin importancia al lado de la muerte, pero, además del tema de la muerte, fue el que me tocó vivir ahora. Eso sin entrar en la sensación continua de incertidumbre, que, con la probable excepción de unos mesecillos aquí y allá, llevo conmigo desde que dejé la universidad.

La chica guapa, con éxito y buenas notas, que vive en Londres y tiene un trabajo estupendo, que no puede quejarse de que los chicos se acerquen a ella, que todo el mundo piensa que es encantadora, resulta que tiene miedo. Resulta que siempre tenía que estar a la altura de las circunstancias. Que siempre tenía que sacar buenas notas. Que tenía que ir a la universidad. Que siempre tenía que destacar por su belleza en el grupo. Que fingiría con 9 años estar enferma por miedo a no saberse la lección (Don Juan Carlos I, rey de España, qué mal fingimiento, me pilló hasta mi madre). Resulta que nunca aprendió a perder. Resulta que nunca aprendió a fallar porque el fallo nunca fue una opción.

Oh, qué drama. Qué sé yo de la vida. Ni me he metido en hipotecas, ni me he casado, ni he formado una familia, ni tengo a hijos a mi cargo, ni tan siquiera mascota propia, ni he perdido a un padre, ni a una madre, ni he pasado necesidad. Qué sé yo de exigencias. Qué sé yo de miedos. Qué sé yo de motivos de insomnio. Probablemente muy poco. Por tener hecho tengo hecho hasta el bocadillo para el avión.

Cada cual tiene su sensibilidad y supongo que se va curtiendo a base de palos. Parece que los padres siempre tuvieron una vida más difícil que los hijos. No dudo que los tatarabuelos estuvieron peor que los bisabuelos y éstos peor que los abuelos, que sin duda lo pasaron peor que los padres. A estas alturas de la historia no deberíamos tener ya ni derecho a abrir la boca para quejarnos; si diez generaciones antes sobrevivieron, de qué estamos hablando nosotros. Así que sí, debería ser más fuerte. Pues lo siento, siento tener ese fallo. Y todavía siento más tener que disculparme por tener ese fallo porque parece que es un fallo que se repite a lo largo de la historia. Me pregunto si tendrá que ver con un decrecimiento de la necesidad real (estamos pasando hambre en la guerra) y el crecimiento de una necesidad completamente absurda e irreal (por ejemplo, el éxito).

Claro, hay temas que siempre estuvieron ahí, independientemente de las circunstancias históricas. Y a esos nos enfrentamos todos y es cuando hay que relativizar. Evidentemente es más importante la muerte de los padres e incluso la enfermedad de un familiar cercano que una simple historia de desamor. Evidentemente. Sin duda. Hasta yo estoy de acuerdo. Qué pena que no estén aisladas. Qué pena que tal vez actúen de detonante unas de otras.

Y ahí estamos todos, en la lucha. Ahí estamos todos teniendo que hacernos los fuertes porque así es la vida, sin tregua, sin descanso. Y para cada cual su lucha es la más importante, relativizando, claro. Porque además de relativizar con los temas recurrentes hay que relativizar con la vida de cada uno. Qué difícil es ganar así. Qué frustración. Parece una competición a ver quién tiene derecho a quejarse. O a ver quién tiene derecho a tener miedo. O quién tiene derecho a perder el control en un determinado momento. Pero y qué voy a decir yo, si así es la lucha de la vida. Qué extraño de todos modos que, dejando a las amebas a un lado, no se me ocurra ninguna especie animal o vegetal con semejantes problemas. Ah, claro, es que nosotros somos inteligentes.

Y aquí podría seguir divagando hasta el fin de mis días. Qué más da, si lo único cierto es que la vida es la que es, que funciona como funciona y que hay cosas importantes y cosas que no lo son tanto. Que hay reacciones válidas y otras que no son acordes a las circunstancias. Que todos somos jueces y medidores de las desgracias ajenas. Y, sobre todo, que hay algunos que pecamos de gran autocompasión. O así lo enjuician otros.

Tengo miedo. No sé lo que estoy haciendo, hacia dónde voy o cómo arreglar lo que se rompe. Sabéis de sobra a qué me refiero. No puedo exigiros nada y ya habéis dado lo suficiente. Tenía todo un proyecto para este fin de semana. Tremendamente ilusionada. Iba a ir, aprovechar el teneros cerca, ir de compras, tomar cafés, llorar un poquito mis penas, celebrar el día de la madre, hacer un poco de deporte con papá porque sé que es lo que le llena, ir a la playa y volver negra como el tizón. No ha sido posible, debo estar algo más jodida de lo que os admito. Sin nombres, sin etiquetas. Lo he intentado, de corazón he intentado recomponerme y cuanto más lo he intentado más me he ido haciendo añicos. Así que tengo miedo. Así que por eso lo siento, mi naturaleza no me autoriza a fallar. Irónicamente, cuántos fallos juntos. Me pregunto si tendrá que ver con el posterior bloqueo o apatía.

En absoluto le echo culpas de nada a nadie, cada cual es muy libre de crecer como le viene en gana. Y considero que, tal vez porque no conozco a otros de cerca, habéis excedido la labor de padres (lo cual quiere decir que estoy orgullosa de teneros como tales). Yo me he centrado en otro tipo de labores de hija, probablemente en ocasiones insuficientes.

Hora y media después, aún me tiemblan las manos. Gracias por el esfuerzo de estos días, sé que no han sido fáciles para nadie. Espero que no malinterpretéis nada de lo que he escrito.

lunes, 5 de mayo de 2008

Huye

Si pudiéramos vernos desde los ojos de los que nos quieren, nuestra vida sería tan fácil… Al menos para gente como yo cuyas expectativas son mayores de lo que en realidad podemos permitirnos.

Domingo por la tarde, 28 grados al sol, estoy en la playa, con un vestido y las gafas de sol puestas, cubierta con una toalla. Para ti, el sol brilla y la brisa alcanza a refrescar el cuerpo del calor. Para mí, el sol está tan lejano que es incapaz de transmitir calor, el viendo se lleva con él el poco calor que puedo conseguir y la toalla es demasiado pequeña para cubrirme. Es imposible sentarse cuando el cuerpo te pide huir hacia el mar, lejos de la orilla, a la profundidad en la que puede que no haya camino de vuelta. Si te sientas la sensación de huir irá in crescendo.

Tres minutos de gritos después tuve que marcharme. Diez minutos después estaba corriendo. En otros diez minutos no podía oír nada más que mi propia respiración. Siguientes dos minutos, la toalla había desaparecido. En un minuto me había parado e hincado las rodillas en el suelo. Treinta segundos más tarde era feliz. Estaba tan cansada que mi cuerpo no podía soportarme más. Diez segundos después estaba tumbada en la arena. El sol brillaba, podía sentir su calor. Las olas iban y venían, podía oír su sonido. No podía sentir mi cuerpo; el momento no podía ser más perfecto que aquello.

Qué cercano a desaparecer sabiendo que aún podía elegir volver.

sábado, 3 de mayo de 2008

Stalker (1)

El pasado miércoles estuve en Nottingham. Tras cuatro años en la compañía por fin me habían invitado a ir a uno de estos grandes eventos llamado "Conferencial Anual" en los que conoces a toda esa gente con la que normalmente hablas por teléfono y experimentas, de primera mano, lo profesionales que podemos llegar a parecer. Podríamos decir que es una experiencia de unión laboral.

Me sabía de cabo a rabo toda la agenda así que estaba preparada (y de algún modo emocionada y muerta de curiosidad) para dar la bienvenida, a eso de las 11.30, a un extraño en el escenario. Venía a hablarnos sobre "evolución". Hay un dicho que dice "¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?" y, durante unas dos horas, lo único que pude hacer fue quedarme boquiabierta mirándole y pensando "Voy a tener que admitir que la vida a veces puede ser de coña...".

Este hombre sube al escenario y empieza a hablar. Y cuanto más habla más siento que me está hablando a mí (bueno, por algo él hace de hablar su profesión :)). En un determinado momento consiguió hacerme que me levantase y empezara a bailar con unas 300 personas mientras era consciente de que me estaban grabando (podría verme en una pantalla gigante en el escenario). Un poco después me vi actuando como la cantante de última moda subida encima de un escenario en Wembley cantando la mejor de mis canciones con toda mi alma y pasión mientras mi público formado por una sola persona, una compañera de trabajo, me decía lo horriblemente que lo estaba haciendo. Y aún así me reí.

¿Qué demonios? Si soy un desastre al menos tendré que reírme de ello por un segundo...

viernes, 2 de mayo de 2008

Simplemente tímida

Alguien me dijo hoy que soy tímida.

Esta mañana me desperté y no pude abrir los ojos. Me habría quedado en la cama hasta mañana pero mi madre apareció con un vasito de zumo de naranja en un intento de curar mi nueva voz de Manolo y tenía que bebérmelo. Como otras cosas en la vida, se me había olvidado cómo sabe un zumo de naranja real... ¡delicioso!

Tumbada en la cama podía adivinar a través de las persianas que el sol estaba brillando fuera y, lentamente, el ruido de mi calle empezó a llegarme a los oídos; estaba definitivamente despertándome, ya no había posibilidad de que fuera a dormirme otra vez. Durante un segundo, muy rápido, me sentí feliz: estaba en casa, bajo el cuidado de alguien ¡y con cinco días de vacaciones por delante! Qué pena que ese segundo se fuera tan rápidamente...

Mi cerebro empezó a acelerarse y mi cuerpo reaccionó saltando fuera de la cama; dios mío, mejor no mirarme al espejo, vete a la ducha, confirma que no comer no ayuda a perder peso, vístete, abre la puerta, agarra a tu madre por el brazo y sal de casa... Pensamientos habían empezado a entrar y acumularse en mi cerebro y para cuando salí de la peluquería y mi padre me llevó a ver dónde guardan sus piragüas, ya estaba harta de mí misma.

La hora de la comida tampoco funcionó. Devoré una enorme y deliciosa comida casera al mismo ritmo al que parpadeaba. Acaba la comida, ponte el biquini, agarra a tu madre otra vez y vete a la playa. Se suponía que era bueno, el sol es bueno, el mar es bueno, el olor es bueno, la brisa es buena. Pero yo no estaba bien. Simplemente no era capaz de verlo. De repente me bloqueé. Quería hablar pero no podía. Quería explicarle lo que me estaba sucediendo pero no podía articular palabra. Quería abrazar a mi madre. Quería decírselo. Me di cuenta de lo defraudada que me sentía conmigo misma, lo estúpido que es no hacer lo que deseas hacer cada minuto, lo anormal que es, lo enfermo que resulta.

No debe haber ninguna explicación humana para este comportamiento. Estoy cansada de buscar explicaciones cuando la única que hay es que soy un error. Quiero abrazar a un amigo y no puedo hacerlo. Quiero decirle a alguien lo mucho que significa para mí y no puedo hacerlo. Quiero expresar lo emocionada que estoy ante algo y no puedo hacerlo. Y sé que desde fuera parece que dejo pasar la vida delante de mis narices. Pero no lo hago. Estoy disfrutando cada momento y justo después me estoy ahogando ante la imposibilidad de comunicarlo. Es enfermo.

Entonces alguien me dijo que soy tímida. Se me había olvidado por completo. Había trabajado tan duro durante tanto tiempo en mi autoestima, tanto por tanto tiempo en superar hablar en público, dar discursos, hablar con extraños, ir a reuniones sociales, sentirme a gusto entre gente desconocida, que se me había olvidado que soy tímida. Cuanto más me importa algo, más me aflora la timidez. Cuanto más me aflora, más ayuda necesito para superarla. No estoy enferma, tengo este límite. Trabajo duro en impedir que me frene mis actos y mi "yo" real pero a veces necesito ayuda.

De pronto mis pensamientos han empezado a salir de mi cerebro y dejar espacio libre. Tal vez no sea tal desastre. tal vez sólo necesite seguir luchando y, algún día, puede ser que nunca más necesite esta ayuda. Hasta ese momento... gracias por recordarme que simplemente soy tímida.